Resistencia Chaco
MIERCOLES 21 DE MARZO DE 2018
El hospital del Doctor Schweitzer y el nuevo Perrando
Reflexion [21/03/18]
Alfredo Zurita
Nada hay tan ligado a la cultura, como la medicina, es una frase clasica.

El Dr. Schweitzer fue un médico alemán, premio Nobel de la Paz de 1952, que ejerció en algún remoto lugar del África, y cuyo retrato se veía siempre detrás del Dr. Cureta, la célebre tira cómica de la revista Humor, por aquello de que un buen político o médico, siempre debe aludir a sus nobles intenciones, y como decía siempre el inolvidable Olmedo, en su personaje del manosanta, nunca tocar la plata, y ni siquiera mostrar que tiene interés en ella.

“Lo importante es hacer buena medicina”, escuché a alguna autoridad universitaria, “la plata después viene sola”, aunque también escuché a un ministro, hablando de la dificultad para conseguir médicos para la zona rural en la década pasada, decir que él se había venido de Buenos Aires al Chaco, en los 60, porque era una muy buena plaza, donde se podía hacer plata rápido. Las circunstancias, 50 años después, habían cambiado, y el médico, salvo excepciones como Schweitzer, busca una buena plaza para ejercer su oficio, tal como lo hace cualquier hijo de vecino. Como ahora la buena plaza es Buenos Aires, los médicos de las provincias del norte, se van para allá apenas se reciben, porque el porteño medio no solo no usa el hospital, sino tampoco la obra social, y busca tener prepaga lo mas vip posible.El caso Perez Volpin como ejemplo fallido.

El hospital del Dr. Schweitzer estaba adaptado a las posibilidades económicas de la misión religiosa que lo mantenía, y también desde el punto de vista sociocultural, y consistía en pequeñas cabañas tradicionales, con fogones, donde el paciente se alojaba con su familia, que se ocupaba de asistirlo en todo lo que no fuera estrictamente médico, o práctica compleja de enfermería. Por tanto el hospital podía funcionar con un mínimo de personal, y por tanto a bajo costo.

La misión médica del Dr. Cichetti en JJ Castelli en los 60, seguía los mismos principios, y también estaba adaptada culturalmente porque la familia originaria, como la africana, no abandona a su pariente enfermo, y lo acompaña, y disponía por tanto de ranchos con catres de tiento, donde esto era posible.

Al morir el Dr. Schweitzer, y como homenaje se recaudó en todo el mundo, suficiente dinero, como para construir un moderno hospital, que fue donado al gobierno, que lo mantuvo cerrado por muchos años porque para mantenerlo hubiera sido necesario cerrar todos los otros hospitales del país. Ahora, privatizado, atiende a los que pueden pagar.

También al morir el Dr. Cichetti y como homenaje a su memoria, se resolvió construir una ampliación del hospital de JJ Castelli, donde se internarían los pacientes originarios, en igualdad de condiciones a los demás, y como tuve que ver con esa decisión, siempre dudé que hubiera sido una buena decisión, al dificultar la relación del paciente internado con su familia.

El nuevo Perrando es igual a un hospital moderno de cualquier parte del mundo, y no prevé esta interacción estrecha del paciente con su familia, por lo que planteé esta duda en algún momento. En el viejo hospital la familia podía acampar bajo la arboleda, y tener siempre a la vista su pariente, esto ya no sería posible en el nuevo. Como el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, que financiaría la obra, no estaba dispuesto a cambios, se hizo como estaba previsto, y lógicamente no consideró que la madre pobre quiere estar lo mas cerca posible de su recién nacido con problemas, lo que obligó a crear esta estructura de apoyo que se derrumbó parcialmente ayer, para alojarlas, aprovechando lo que quedó del viejo hospital, que se conservó, incumpliendo el contrato con el BID, que preveía que todo sería demolido, así como se incumplió el que el nuevo hospital integraría los dos preexistentes.

El nuevo Perrando formó parte de un plan que preveía un Sistema Nacional de Salud, igualitario para todo el mundo, y fue por tanto construido con una lógica de paciente de clase media, que no puede ser acompañado por su familia, que tiene que ir a trabajar, un lujo que puede permitirse el pobre, habitualmente desocupado, y al caer el plan quedó por tanto desubicado culturalmente.

Días atrás escuchaba afirmaciones muy juiciosas, sobre control del cáncer de una médica del Perrando, que no seguía las habituales exageraciones de los especialistas con respecto a exámenes preventivos, pero que dijo al final, que los que no pudieran pagar o no tuvieran obra social, podían requerir los servicios necesarios en el Perrando, el hospital para los que no pueden pagar, que no fue concebido así en su origen, ni en su renovación, pero al que usos y costumbres relegan a esa función.

La experiencia del SNIS de 1974 me convenció que no es posible desarrollar una atención médica igualitaria en una sociedad desigual, algo que era muy sabido, y eso ocurrió en un mundo que aún perseguía ideales de igualdad, ya abandonados, por lo que quizás convendría pensar en futuras remodelaciones del Perrando, de que se trata de un hospital para pobres, con su cultura, y contexto socioeconómico, y no para todo el mundo.

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